Mortis Nostrae  

 
 
 


LA MUERTE ASIGNATURA PENDIENTE  

     El sueño de mi muerte golpeaba mi vientre con la misma fuerza que cuando había dado a luz a cada uno de mis tres hijos; los había querido parir de forma natural, en una época en la que predominaba lo que se conocía, en el lenguaje de la calle, con el nombre de epidural, sistema que se utilizaba para no tener que sentir dolor, palabra que para mí era premisa de alegría y satisfacción inigualables, para saber lo que era capaz de hacer con mis buenos propósitos de preparación al parto sin dolor y demostrármelo no solo con palabras, que tan a la ligera utilizamos, sino con hechos.

     De repente me veía en casa en otro plano de conciencia contemplando un vivir en armonía que tantas veces había predicado a mis padres, a mi hermana y mi cuñado, a mi marido y a los cinco hijos: tres míos, uno de veinte años hijo de mi marido en su primer matrimonio y una niña de ocho años, hija de mi hermana y cuñado.

     Triste era ver desde mi muerte con que afán se querían, comprendían, y respetaban, cuando yo ya no estaba para poder disfrutar de esa paz.

     Triste pensar en todo el mal que mi madre podía haber evitado y que solo supo provocar inventando mil artilugios linguísticos de destrucción.

     Triste era pensar en mi pobre padre, a sus sesenta y siete años y cuyo rencor no le dejaba respirar.

     Triste pensar que todos ellos por fin estaban unidos. Mis enseñanzas habían dado su fruto porque yo ya no estaba allí.

     La enseñanza para con mis hijos había sido contundente con la realidad de la muerte.

     Recuerdo la primera vez que inicie el tema, cuando el más pequeño no tenía los siete años, la mediana le seguía por arriba con diez y la mayor había cumplido dieciseis.

     No habeis de tener miedo a la muerte, no es una cosa mala, les dije. Estamos en este mundo de paso y para aprender, no caigais en el error de pensar que estareis siempre, teneis que saber que debemos vivir cada día el momento y no preocuparnos por cosas inútiles en un tiempo que no nos pertenece.

     El lugar para iniciar las conversaciones transcendentes, como yo las llamaba, siempre era en el automóvil; en casa había dispersión por parte de todos, ya que debían realizar sus tareas y obligaciones diarias de la escuela de "élite" a la que asistían, para alcanzar los objetivos que debían prepararles para su supervivencia como adultos, y el momento ideal de lunes a viernes para dialogar sobre las enseñanzas que mi criterio interior me llamaba a plantearles era precisamente cuando teníamos que hacer catorce kilómetros para ir de nuestra casa a la escuela y viceversa.

     Mamá, ¿que te vas a morir?, preguntó la mediana; la mayor fue más brusca, ya me dirás ahora a que viene hablar de este tema, ¡tienes cada cosa! y el pequeño le preguntó a su hermana mediana ¿la mamá se va a morir?.

     Mi voz cambio el tono para susurrar al más pequeño de los tres: Bollito de chocolate, vida mía, todos nos morimos.
Volví a repetir que no era una cosa mala, que sencillamente era una realidad que las personas adultas no habían aprendido porque no había escuelas buenas ni malas que enseñasen ese tema en concreto y que era una lástima que, por miedo a lo desconocido, no se lo quisieran plantear o hablarlo cuando gozaban de buena salud, de forma sensata, reflexionada, comprendida y aceptada y por eso venía la enseñanza forzada cuando, como consecuencia de enfermedad, propia o de seres queridos, los mayores empezaban a aprender. ¡Qué lástima! haber de esperar esos momentos difíciles y crudos de una realidad que está siempre presente para aprender rápido como el viento al que no importa el destino.

     Les puse el ejemplo de una asignatura graciosa y tópica para mí. ¿Que pasaría si os vierais obligados a hacer un examen de matemáticas, del que no sabeis el día, de matemáticas solo conoceis el nombre y nadie os puede ayudar porque los que ya han hecho el exámen no vuelven para contar en que consistía?.
O tú, bollito de nata, hablándole a la mayor, en su tercer año de BUP, has podido preparar y aprender un poco el tema, pero no te habían dicho que las preguntas serían de un nivel superior, ¿tendrías miedo? o ¿no?.
En definitiva quise argumentar, precisamente con la asignatura de matemáticas, el tema de la muerte, porque es sabido que al no conocer un tema o hasta que no tienes información suficiente del mismo, le tienes miedo. Si preguntas en el mundo adolescente que opinión merece para ellos las matemáticas, la mayoría tendrán miedo a suspender la asignatura.

     La mediana de mis hijas, muy sensible, empezó a descontrolar unas pequeñas gotitas saladas que se deslizaron por sus mejillas y que noté enseguida por la voz quebradiza con la que decía:
Ni que no sea malo morirse, para mi si no te veo más sí que lo será.

     Busqué verla por el espejo retrovisor y al encontrar sus ojos le dije: Bollito de crema, criatura, esa es la enseñanza más dura, la prueba de fuego , la más difícil de todas las asignaturas que has de aprender. Intrínsecamente somos tan egoístas que Freud ya decía que las personas que son muy buenas muy buenas muy buenas, lo son porqué se encuentran bien haciendo el bien y por esa razón precisamente lo hacen, es el egoísmo de hacer las cosas que nos van bien a nosotros y nos gustan lo que hace que las hagamos, pero cariño si tú me quieres y sabes que yo no voy a estar mal, que voy a estar mejor que ahora, y eso incluso para mí misma es difícil de creer porqué no puedo imaginar una vida mejor sin vosotros, entonces cuando tú estás llorando no lo haces porque yo he de morir o haya muerto, lo haces porqué tu egoísmo natural no se conforma en tan corto espacio de tiempo a no tenerme. Además, para tranquilizaros, os diré que solo dejaremos de estar separados por un espacio de tiempo que no conocemos lo largo que será, pero nos volveremos a encontrar; no tendremos memoria de nuestra vivencia de ahora pero cuando ocurra nos invadirá un cosquilleo inimaginable de plenitud que nos desbordará de alegría, acordaros bien de esto que os digo.

     Les miré y ví una expresión como de no saber que les estaba contando y fue entonces cuando la mayor, con su típico genio de algo que le estás diciendo y no le gusta, contestó: Mamá, primero eso de "intríenseco" o no sé que palabra has dicho no lo entiendo y después, que Sigmund Freud puede estar equivocado, yo no creo que pueda ser egoísta porque quiera a mi madre viva, riñéndome y queriéndome, es la vida que nos ha tocado a nosotros al igual que a otros les toca pasar hambre y otros nacen reyes.

     Tuve que calmarla porque sus mejillas se habían encendido como un semáforo cuando está rojo: No te sulfures ni nos pongamos nerviosos le dije, y ella contestó con un tono de voz fuerte y descontrolado: eso mismo digo yo y vigila la carretera que, ya que hablas del tema de la muerte, hay muchas personas que no llegan a casa.
   Mi "ordenador" rápido y seguro afirmó: Este es precisamente el centro de la cuestión , tu oyes que pasan esas cosas y las personas no las queremos; que yo acepte y haya aprendido a vivir asumiendo mi muerte no significa que quiera morirme, nadie quiere, pero me ayuda a tener una visión mucho más condescendiente con los problemas entre comillas que para otros serían serios, preocupantes, asfixiantes y para mí son pequeños obstáculos que me van poniendo en mi camino para mi superación como persona, dando gracias cada día por dejarme estar con vosotros.
   Si vivis con la conciencia de que solo teneis las cosas por un momento y a lo mejor mañana no las teneis , si son cosas buenas las apreciareis más y si son cosas malas no os agobiarán porque mañana si habeis aprendido ya no estarán. Rabindranath Tagore decía :" No llores porque no puedes ver el sol, porque las lágrimas no te dejarán ver las estrellas."
   Si he de morir joven vosotros continuareis vuestras vidas en base a lo que yo os haya enseñado, sereis personas capaces de amar, respetar y vivir con honestidad y alegría en todo lo que hagais, por pequeño que sea para los demás mortales, pero que no dejará de ser importante para vosotros.
   Si comprendeis lo que os digo, realizareis vuestros sueños de ser economista o cirujana o futbolista, y, si teneis descendencia, al formar vuestra família seguro que vereis en algún hijo vuestro parte de mi espíritu que, les dije riendo con voz grave, se vengará de vuestras travesuras y las multiplicará por mil para haceros salir canas como haceis vosotros conmigo.

     Mamá, dijo la mayor, no es un tema para tomárselo a broma, ¿que quieres decir, que volveras y serás algún hijo nuestro?.
No lo sé , contesté, pero me encantaría poder disfrutar de unos buenos padres como sé que sereis vosotros.
   Y continuó diciendo: Pues vaya gracia, desde luego nos metes cada idea en la cabeza, se sonrió expirando aire y pareció en condición de poder hablar más calmada del tema.
   La mediana interrumpió, ¿y lo de la palabra intrínseco no se qué?. Intrínseco quiere decir muy formado interiormente, sin poderlo cambiar, como las células de tu forma propia personal e intransferible, que no pueden ser para otro, todos poseen , por ejemplo, las huellas dactilares, pero todos las tenemos diferentes; con mi dedo pulgar rozé los otros dedos de mi mano derecha, dejando un momento el volante que sujetó la mayor que iba sentada a mi lado.
   ¡Mamá, cuidado!. La mediana reivindicó a su hermana: Quieres callarte, pesada, egoísta, estaba hablando yo con la mamá. Mamá, yo no soy egoísta, respondió la mayor. Mira ésta, yo tampoco, dijo la mediana con el tono habitual de esa edad en la que la mayoría de hermanos coinciden en no llevarse bien.
   Cariños, afirmé, todos somos egoístas en un grado diferente, al hacer el bien para disfrute y necesidad nuestra o para hacer el mal, todo dependerá del camino que uno elija, pero pensad que hay una ley natural que dice que todo lo que sube baja y todo lo que va viene. Imaginaros que las personas que elijen el mal, y quiero hacer referencia a las peores atrocidades.... Interrumpió la mayor: si ves la película "La lista de Schindler", con el exterminio de seis millones de personas.... La mediana también interrumpió, eran judíos, ¿verdad mamá?.
   Sí, Hitler lo dispuso y los demás lo hicieron, el solo no hubiera podido hacerlo pero no se sabe que fuerza debería tener para que le hicieran caso sumiso; jugó con la supremacía de la raza alemana a la que quería rubia, fuerte, sin defectos físicos, ni poder llevar gafas... dije mirando a la mediana, que se sonrió diciendo. Pues que bien lo hubiera tenido en esa época.
   La llamó la raza aria y ¡no creaís!, que el líder al que todos hacían caso era pequeño, moreno, "media cerilla" y además yo tengo una foto en un libro que se le ve firmando un documento y ¡lleva gafas!.
Mamá, dijo el pequeño, en clase hay un niño que lleva gafas y le dicen cuatro ojos, pero yo no, porque es mi amigo. ¡sí cariño!, que cosas de llamarle, hacía tiempo que no decías nada, ¿ya te has comido el bocadillo?. Sí. Cuidado que tienes bigotes de chocolate, no te limpies en la manga. La mayor al hablar con su hermano pequeño no era tan brusca y con una sonrisa que salía de un lado de su pequeña boca y casi sin querer enseñar los dientes dijo: Por eso estabas tan callado verdad pequeñete.
   El no contestó ,pero hizo un gesto con la cabeza y los hombros y cerró los ojos en señal de complacencia en lo que se decía y que no quería interrumpir utilizando las palabras, pues todavía estaba ensoñado.
   Di ajo, va dilo y ella repitió la palabra ajo de forma especial queriendo imitar como lo decía su hermano, se lo había enseñado a decir ella y le hacía mondarse de risa pues toda su pequeña cara, era una obra de reconstrucción idéntica y especial cada vez que decía la palabra ajo, sus ojillos se cerraban, su boquita de piñón se redondeaba y en un tono más agudo en la vocal a y grave y largo en la sílaba jo hacía las delicias de sus hermanas.
   La mediana no pudo dejar de decir : Siempre le estás pidiendo que diga ajo eres tan pesada como cuando quieres ver al hombre del tiempo.
   Mamá dile que no se meta conmigo y además te he de decir si funciono con inteligencia, "a palabras necias oidos sordos." Dejarlo queridas , que paciencia he de tener con vosotras, y, hablando de dichos, ¿que sabio era el que decía que la paciencia era la madre de la ciencia?, y, hablando de ciencia.... Volví a reconducir la conversación antes de que volvieran a interrumpirme con alegaciones innecesarias de funcionamiento interno.
   Bien,dejadme que os explique mi teoría para con las personas que han hecho daño a otras.
   Que justicia más equitativa sería que las personas que mataron de esa forma tan despiadada al volver a nacer fueran marginados por una cuestión de raza y sufrieran en propia carne todo el mal que ellos hicieron. ¿Que nacieran negros en un país con el aparheid?, dijo muy convencida la mayor.
   Exacto, respondí, dejando un momento en silencio y mirándoles las caras que ponían, sería muy justo, ¿no os parece?. Pero el pobre negro al que hacen daño no sabría porqué, había contestado la mediana con fuerza, Pero aprendería, seguro, hacedme caso.
   Cuando nos suceden cosas malas es cuando más deprisa aprendemos y si nos llegan a dar una oportunidad de resarcirnos con las siguientes vidas, intrínsecamente, sonreí un poco al utilizar la palabra adrede, no sabremos el porqué de nuestra forma de actuación pero ya no podremos hacer lo que habíamos hecho antes de nuestra experiencia personal de dolor.
   La mediana ya con otro punto de mira, exclamó: Entonces cuando oímos que pasan desgracias a las personas o se mueren de hambre y tal, a lo mejor es que han sido personas que no han sido buenas o han tirado y malgastado montones de dinero sin preocuparles los demás y ahora lo pagan.
   Bien, así me gusta, veo que aprendeis rápido, pero, insisto, estas teorías son mías, nadie me ha dicho que esto sea a si, pero para mí son ciertas, yo creo realmente que el cielo y el infierno del que hablan las religiones no hace falta buscarlo lejos, lo tenemos entre nosotros y vosotros podreis escoger con vuestros actos el lado que querais, mientras aprendeis con las diferentes reencarnaciones de vuestro espíritu y por experiencias propias que intrínsecamente ireis poseyendo.
   A ti, bollito de crema, que ya sabes que quieres ser cirujana para ayudar al prójimo a lo mejor es que en otra vida has visto muerte por guerras o cosas que te han llevado a querer hacer esta carrera de medicina y no otra; y a ti pitufo, que empiezas a despertarte, seguro que has visto muchos partidos de fútbol en directo o los has escuchado por la radio, porque la televisión es un artilugio relativamente nuevo para lo "viejo" que tu eres.
   Dirigiéndome a sus hermanas: Por eso siempre que hace cualquier cosa o dice lo que sea, lo hace como si estuviera radiando un partido de fútbol y las disfonías que tiene es porque seguro que en otra vida se quedaba afónico de tanto gritar por la radio diciendo gol largamente hasta apurar todo el aire de sus pulmones. La mediana sonrió y dijo: Es verdad, si lo piensas bien, ¿porqué no?.
   Y la mayor añadió: Pues yo he sido metereóloga hace poco y todavía tengo reminiscencias porque mira que la afición que ya tengo desde pequeña con el hombre del tiempo al que siempre buscaba cuando daban las noticias.
   Y buscas, interrrumpió la mediana, que eres una pesada con el hombre del tiempo y empiezas: va niña, cambia un momento el canal que tengo que saber que tiempo hay previsto para mañana, y a lo mejor una está tan tranquila viendo una película y ... Añadí yo: ¡Ya está armada!. No hay para tanto, se defendió la mayor, pero es que esta niña es una egoísta, a ver que le costaría, es un momento, ¡pero no!, solo mira su conveniencia, ¡hija desde luego!".
   Encima, lo que debo escuchar, volvió a responder la mediana contestataria. Y la mayor muy audaz y mofándose un poco de su hermana menor le contestó: No lo controlo, que quieres que te diga, es intrínseco en mi.
   Pues aprende que para eso eres mayor que yo y..... Tuve que intervenir yo: Hermanas, no malgasteis palabras que ya hemos llegado, venga, a pasar un buen día y no seais inoportunas con vuestros comentarios, recordad que habeis de tener vuestro criterio y funcionar de acuerdo a lo que vuestra inteligencia os dicte, no por lo que diga la norma, que las normas las hacen las personas y pueden tener propósitos deshonestos para su disfrute y enriquecimiento.

     Referente a vuestra convivencia en la escuela, vosotros no habeis de ser mal educados ni contestar, si creeis que se comete una injusticia con vosotros, encontrareis el momento idóneo para dialogar y aprendereis si funcionais con inteligencia y sin nervios , que los nervios no sirven para nada, excepto para estorbar, y mucho.
   Mamá, ¿me comprarás canicas?, dijo el pequeño. Sí, mamá, compraselas, en el todo a cien, por cien pesetas te dan un paquete enorme y de varias medidas, defendió la mediana.
   El papá diría que siempre teneis la palabra comprar en la boca a punto para ser lanzada,que si pudiera la borraría del uso hablado y del diccionario, pero, está bien, miraré si encuentro. Mamá, me dijo la mayor, ya abriendo la puerta del coche para salir, el sábado, ¿podrás llevarnos a la castañada a mi y unas amigas a una discoteca y recogernos a las cuatro de la mañana?, su voz esta vez era dulce, encantadora, conquistadora del sí que esperaba recibir.


     Cariño, no seas inoportuna, ¡pedirme eso ahora!, ya hablaremos en el camino de vuelta a casa de los pros que no creo que podamos encontrar muchos y los contras que de seguro si encontraremos.
   ¡Sí!, ¡dirás que sí!, porque seguro que tú en otra vida ya has sido una madraza, artista, escritora.... Peluquera y pintora, añadió la mediana. Hablando del hobbie que representa para mi hacer de peluquera, ¿algún voluntario para este fin de semana?. Mamá a mi no me hace falta, verdad.
   No cariño, tu eres el único que me comprendes, se lo decía a tus hermanas pero no hay manera. Venga un beso, y a ti reivindicadora noctámbula, no he dicho que sí, he dicho que lo hablaremos. Mientras cerraba las puertas del coche grité : ¡ tened cuidado y portaros bien.! Y tú vigila la conducción que hemos de hablar todavía de muchos temas, dijo la mayor sonriendo mientras veiamos al pequeño correr para ponerse en la fila de su clase.
   Al ver a la mediana cargada con su bolsa de deporte y mochila volví a intentar convencerla de las ventajas del carrito y volví a levantar la voz para que me oyera: Te compraré una cartera con ruedas, no es bueno para tu espalda ir tan cargada.
   No mamá, que he de subir cuatro pisos y no me iría bien , adiós.
Adiós.

     Ya era mujer, pensé que deprisa me había pasado el tiempo; le había venido su primera menstruación a los once años como a su hermana y a mí, no, digo mentira, a mí me faltaba una semana para los once y a su hermana dos meses para cumplirlos, pero que importancia podía tener, sonreí alegre y pensé, bien, ya hemos empezado a hablar del tema.

     Me dirigí al automóvil, puse el motor en marcha mientras esperaba para salir del atasco de los coches de las otras madres que unánimamente y para nuestra comodidad dejábamos el vehículo de cualquier manera; arranqué, pensando en voz alta como era mi voz sonando sin nadie que me escuchara, y me dije: Cuando sueñe con mi muerte podré respirar con más calma.

  

 
 

   

 Y mientras mis chispeantes ojos se deslizaron por las nubes blancas buscando formas en el cielo azul, los rayos del sol se intercalaban por entre la frondosidad de árboles añejos de sabiduría de un tono verde intenso, y como siguiendo un ritual ancestral di gracias por dejarme empezar un nuevo día, que seguro estaría lleno de emociones reconfortantes como lo eran mi familia.

                    Rosa de Pitiminí